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“Señor Ramón María Isaza, mi mamá le manda a decir que no llore más por ella”: Jenny Castañeda

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Un grupo de víctimas de la guerra en Colombia relató sus experiencias vividas desde los puntos de vista de una masacre, un secuestro y un homicidio.

Consuelo González de Perdomo, secuestrada por las Farc en 2001; el párroco Antún Ramos Cuesta, testigo de la masacre de Bojayá (Chocó) en 2002, y Jenny Castañeda Mejía, delegada del Comité de Justicia Transicional de Antioquia y coordinadora de la Mesa de Víctimas del municipio de Puerto Triunfo, Antioquia, se reunieron el jueves 27 de agosto en el Auditorio Mayor ‘Carlos Gómez Albarracín’ de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), donde se llevó a cabo la primera parte de la Jornada de reconciliación: “La búsqueda de la paz en Colombia: una mirada desde la universidad”, bajo la moderación de Juan Gonzalo Betancur profesor de la Universidad Eafit de Medellín.

Castañeda Mejía perdió a su madre, Damaris, el 17 de septiembre de 2001 a las 11:45 de la noche, cuando esta reclamaba unos predios que le habían expropiado a unos campesinos del corregimiento Doradal, hecho que llegó a oídos de ‘Ramón Isaza’ jefe paramilitar de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM) quien ordenó su asesinato.

“El perdón no cambia el pasado pero sí engrandece el futuro”, son las palabras de los paramilitares con quienes trabaja Jenny Castañeda Mejía en el proceso de reconciliación. “La mujer sin miedo”, así la llamaban los paramilitares, ya que a partir de ese momento empezó a luchar contra los actos criminales cometidos por las ACMM. Sin embargo, el caso de la líder comunitaria Damaris Mejía fue archivado y no volvió a salir a la luz sino hasta las audiencias en contra de los paramilitares donde ella se les enfrentó en repetidas ocasiones.
“El perdón no cambia el pasado pero sí engrandece el futuro”, son las palabras de los paramilitares con quienes trabaja Jenny Castañeda Mejía en el proceso de reconciliación.

“La mujer sin miedo”, así la llamaban los paramilitares, ya que a partir de ese momento empezó a luchar contra los actos criminales cometidos por las ACMM. Sin embargo, el caso de la líder comunitaria Damaris Mejía fue archivado y no volvió a salir a la luz sino hasta las audiencias en contra de los paramilitares donde ella se les enfrentó en repetidas ocasiones.

Durante el conversatorio, Jenny relató que en las reuniones que tuvo con Ramón Isaza se negó a perdonarlo ya que este decía que Damaris era una víctima como cualquier otra, mientras que su hija sostuvo: “los paramilitares no solo habían dejado a unos hijos sin mamá, sino que también a una comunidad sin líder”. Cuando por fin Isaza admitió el error cometido, Jenny se negó de nuevo a perdonarlo y le dijo: “¿Sabe qué? yo no lo perdono, pídale perdón a Dios”.

Tiempo después, Jenny fue diagnosticada con un cáncer de tiroides. Tenía un tumor que comprometía los ganglios linfáticos, el cual fue extraído y tratado. Durante la yodoterapia, soñó con su madre y esta le pidió que cuando Ramón Isaza la buscara para pedirle perdón, le dijera que no llorara más por Damaris, que ella lo perdonaba. Por último, en el sueño, la mamá de Jenny le reclamó también que perdonara a Isaza, cosa a la que Jenny se negó.

Para terminar su historia, la invitada relató cómo a los 20 días de haber salido del tratamiento, Ramón Isaza la buscó y se reunieron junto a su abuela en la cárcel “El pesebre”, ubicada detrás de la hacienda Nápoles, lugar donde Jenny aceptó perdonar al exparamilitar y empezó a liderar junto a él, el proceso de reconciliación de las víctimas de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio.

Carolina Chaparro Pérez
cchaparro533@unab.edu.co